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viernes, 11 de febrero de 2011

UN PLAN DE ACCIÓN CONJUNTO CONTRA EL ACAPARAMIENTO DE TIERRAS

Los campesinos y campesinas africanas han sido los claros protagonistas mostrando sus propuestas junto a representantes de otros continentes.
Si tenemos en cuenta que África es un continente de 900 millones de personas de las que más del 70% dependen del trabajo y vida en las tierra parece lógico que la temática se presente como una prioridad absoluta para el futuro del continente.
Desde la crisis de 2007-08 se han producido en paralelo procesos de gran impacto que afectan a esta realidad. Por un lado la ayuda oficial al desarrollo destinada a la agricultura ha descendido hasta situarse por debajo del 5 por ciento del total de flujos de capital que se destinan a los países en desarrollo, (según datos de la OCDE). A su vez la crisis ha provocado tanto el  incremento paulatino de los precios de los alimentos, haciendo que millones de personas enfrenten a diario situaciones de alto riesgo, y un nuevo proceso de acaparamiento de tierras que en apenas 4 años ha generado operaciones de compra de unas 20 millones de hectáreas por un valor conjunto de 20 a 30.000 millones de dólares.

Tal es su importancia que comienza a hablarse de neocolonialismo alimentario (como lo denominó Jacques Diouf, Director General de la FAO). Tras estos hechos se encuentran tanto potencias como estados del Golfo Pérsico, China, India o Corea del Sur que buscan asegurar la producción de alimentos para sus poblaciones, así como empresas transnacionales que ven en esta actividad un objetivo para la especulación o el desarrollo de actividades como la producción de agrocombustibles. Uno de los casos más significativos fue el intento de adquisición, en noviembre de 2008, por parte de la multinacional coreana Daewoo Logistics, de una plantación en la isla de Madagascar de 1,3 millones de hectáreas (el tamaño de media Bélgica.

Este proceso se ampara en gran parte en la concepción de “terras nullius” que considera que esos terrenos no tienen dueño. Sin embargo la realidad es que son tierras trabajadas históricamente por campesinos, que no cuentan con títulos para acreditarlo ya que en África la propiedad de la tierra se rige por costumbres y tradiciones centenarias.

En la Asamblea que ha tenido lugar hoy voces desde diferentes países africanos y otros continentes han denunciado situaciones que están viviendo y han propuesto acciones conjuntas.

Así campesinos y campesinas de organizaciones de Mali han planteado acciones para que el Gobierno devuelva las tierras a los campesinos malienses expulsados; desde Sudáfrica las voces exigen la reforma agraria prometida e incidir para que las directrices de la FAO dejen de ser “voluntarias” y realmente sean vinculantes para los gobiernos; sin Tierra en Namibia piden que las comunidades internacionales se unan contra el acaparamiento de la tierra; desde el Congo Kinshasa se plantea un espacio web para poder compartir información y se invita a la unión en el próximo foro social congolés que tendrá lugar en el mes de junio donde participarán 9 países vecinos y se va a trabajar sobre una declaración que el gobierno quiere adoptar en 2012; Senegal propone la creación de un comité urgente ante los cambios que se están produciendo. Benin ha arrancado un aplauso al recordar que se ha hablado del acaparamiento de tierras pero no de mares cuando estos son expoliados y millones de pescadores sufren las consecuencias.

Como elemento común se ha hecho un llamamiento a que este tema sea prioritario de cara a las próximas elecciones que tendrán lugar en muchos países de África en 2011 y 2012.

A todas estas propuestas africanas se han sumado de diferentes continentes con presencia de Brasil, EEUU, Francia, Suiza, que han planteado también acciones concretas.

Algunos elementos claves han sido: la creación de mecanismos de información-difusión, el trabajo en red y la importancia de contar con un equipo de juristas que pueda asesorar a los campesinos y campesinas y que pueda denunciar ante las cortes internacionales.

La agenda para el próximo 2011 y 2012 comienza a configurarse con el proceso de aceptación y cierre de la declaración (adjunta al final del artículo) al que se invita a todas las organizaciones hasta el 31 de Marzo 2011. También comenzarán las acciones directas con la marcha prevista para el 17 Abril por Via Campesina; a continuación estan previstas otras como en Nueva Delhi en 2012; marcha Atlántica en Marruecos; la campana de Amnistía Internacional que será lanzada en julio 2012 en Nairobi.

Una llamada a los ciudadanos y ciudadanas del Norte nos invita a unir fuerzas hacia el encuentro de Rio+20 y a poder contar con un catastro que indique aquellas sobre que acaparan tierras para desde los consumidores poder tomar medidas. 
APELACIÓN DE DAKAR CONTRA EL ACAPARAMIENTO DE TIERRAS 

jueves, 10 de febrero de 2011

Vía Campesina anuncia manifestaciones en distintos países africanos


La organización internacional Vía Campesina promoverá manifestaciones y protestas en distintos países africanos a lo largo de los próximos meses contra el acaparamiento de tierras, las expropiaciones forzosas y la subida del precio de los alimentos, según han anunciado los representantes en África de la entidad en el Foro Social Mundial que se celebra en Dakar (Senegal).

Según ha señalado uno de los portavoces de esta entidad que aglutina a 150 organizaciones en 70 países, Ibrahim Coulibay, las primeras "movilizaciones y manifestaciones" tendrán lugar en Malí, aunque el objetivo es una "movilización a nivel global" porque, "no se puede consentir" que se siga permitiendo operaciones de compra masiva de tierras en países del Sur al auspicio del Banco Mundial.


En concreto, Vía Campesina denuncia que en la actualidad, hay 49 millones de hectáreas de tierra cultivable en países del Sur que está en manos de capitales extranjeros, una extensión similar a cincuenta veces la superficie agrícola útil de un país como Suecia.

Así, denuncian que en Brasil hay cuatro millones de hectáreas vendidas; en Malí, la cantidad asciende a un millón de hectáreas; en Níger son 700.000, y sólo Egipto controla el dos por ciento del territorio de Uganda. Además, en Senegal 200.000 hectáreas son explotadas por Arabia Saudí y en Madagascar, el 30 por ciento de las tierras cultivables "están en manos de empresas coreanas".

 "Estas operaciones no son nada transparentes, las poblaciones no son consultadas, ni se asocian a este tipo de proyectos que lo destrozan todo. No se puede aceptar ni desde el punto de vista de los derechos humanos ni desde el sentido común porque no permite crecer a nuestros países, destruye empleo, y todo para nada, porque muchas veces, lo único que persiguen es la especulación", ha denunciado.

Para la organización, las "víctimas" de este tipo de negocio son los campesinos, ya que "todo se está importando desde fuera, desde los materiales a la mano de obra, como si no hubiera gente allí para trabajar", lo que liga este fenómeno a la crisis alimentaria. "La colonización no había permitido a nuestros países salir adelante y ahora, todo lo que queda de buenas tierras, nuestros gobiernos las venden a empresas extranjeras", lamenta Coulibay.


DAKAR, 10 Feb. (De la enviada especial de Europa Press, Isabel Vega)

martes, 25 de enero de 2011

África: ¿Más libre comercio genera más crecimiento y más bienestar?


Gemma Tarafa y Miquel Ortega*
El marco comercial entre la Unión Europa y África para las próximas décadas se está negociando en la actualidad a través de los Acuerdos de Parteneriado Económico. Las negociaciones, si siguen por el camino actual, no van a ser la solución a los problemas que sufren algunos países africanos, al contrario, pueden conllevar severos impactos negativos para amplias capas de la población africana. Los posibles beneficios para determinadas empresas exportadoras europeas y africanas no justifican el sacrificio que pueden suponer los nuevos acuerdos para la mayoría de la población, los perjuicios en el marco de la integración regional africana y la reducción del margen de maniobra macroeconómico y social de los países africanos. Pero no todas las cartas están repartidas, aún es posible cambiar las normas del juego y evitar los impactos negativos que se pueden derivar de estos acuerdos. 

La existencia de acuerdos comerciales regionales comienza ya a tener una historia larga. Si bien existían algunos acuerdos desde inicios de los años 60 (la misma Unión Europea nació con un acuerdo de este tipo), es durante los años 90 cuando comienzan su progresión ascendente tanto en número como en temáticas que se incorporan en el ámbito de la negociación.

La mayoría de los acuerdos más actuales incorporan elementos tanto de comercio internacional de bienes como de servicios y muchas veces van acompañados de la incorporación de políticas de “cooperación para el desarrollo”.
Desde el bloqueo de las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio en la llamada Ronda de Doha iniciada el año 2001, han sido los acuerdos regionales los que han tomado el relevo de los acuerdos globales comerciales como punta de lanza para el establecimiento de marcos de libre comercio de obligado cumplimiento.
El papel de la UE
La Unión Europea tiene un papel importante en el establecimiento de estos nuevos acuerdos, no sólo porque es la zona mundial con más acuerdos comerciales regionales firmados, sino porque continúa con una activa política de promoción de nuevos acuerdos. Afinales del año 2009 tenía en negociación nuevos acuerdos regionales con Asia (ASEAN, India, Corea), Norte América (Canadá), América Latina (Mercosur), Magreb y Oriente Medio (Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Libia, Marruecos, Autoridad Palestina, Siria, Tunicia), Europa del Este (Ucrania) y los países ACP (África-Caribe-Pacífico) que trataremos más en detalle.
A inicios de los 90 los acuerdos de libre comercio se justificaban fácilmente bajo la secuencia:
Acuerdos de libre comercio= más comercio internacional= más crecimiento= más bienestar.
La idea básica era simple: señores gobernantes de los países del Sur, sacrifiquen parte de su margen de maniobra, acordemos a través de los tratados la prohibición de la mayoría de las políticas de gestión del comercio internacional (eliminen las barreras proteccionistas de todo tipo), potenciemos la privatización de buena parte de las estructuras públicas para permitir la competencia internacional, y asumamos la disminución de los recursos públicos obtenidos de los aranceles de las importaciones. Todo ello facilitará tal cantidad de crecimiento y generará tal bienestar que estas limitaciones serán compensadas con creces.
La experiencia ya existente ha mostrado que esta ecuación no se ha cumplido. Los Acuerdos de Libre Comercio no han llevado el bienestar prometido, al contrario, en demasiadas ocasiones han dificultado el desarrollo de los países y esto ha conllevado más pobreza para buena parte de la población que se ha visto desbordada por la situación.
Ante esta constatación, el discurso actual no ha cambiado significativamente, únicamente se han hecho matizaciones. Se sigue argumentando que la solución mágica pasa por el aumento del comercio internacional garantizado por los acuerdos regionales de libre comercio. La única novedad consiste en reconocer que quizás sea necesario pasar por una breve fase de “ajuste”, en la que los conflictos sociales ambientales y sociales se agudicen, pero, tras ella, de nuevo se encontrará la “tierra prometida” del mayor bienestar. Es una versión contemporánea de la conocida en la literatura internacional como “curva de Kuznets". La integración de las políticas de cooperación con las políticas comerciales se justifica justamente para facilitar el paso “del mal trago” en esta fase de transición.
¿Cómo se alcanza el bienestar?
¿Qué evidencias existen de que estos procesos se hayan dado en las experiencias existentes? No existen. La inmensa mayoría de los estudios muestran que, al contrario, no se puede asumir que un mayor comercio internacional acabe generando mayor bienestar ¿Por qué? Básicamente porque el proceso de generación de bienestar es más complejo que el de generación de riqueza (aumento del PIB), requiere entre otros muchos factores:
• La existencia de un sistema democrático que permita una adecuada conexión entre demandas ciudadanas y políticas públicas. Lo contrario conlleva procesos de concentración económica en pocas ilustramanos y abandono de las partes más desfavorecidas por los ajustes económicos generados. No es difícil pensar en numerosos países con sistemas poco democráticos en los que unas pocas familias –oligarquía local - con seguridad van a concentrar toda la riqueza que en el mejor de los casos se pueda generar en determinados sectores asociados a un mayor comercio internacional. La Unión Europea en la práctica, cuando negocia acuerdos regionales, no diferencia entre países con dictaduras o democracias, con buenos o malos sistemas de salvaguarda de los derechos humanos, etc. La razón es simple, pese a la retórica de desarrollo y comercio internacional, la Unión Europea está simplemente favoreciendo la internacionalización de la economía europea, los impactos exteriores están siempre a la cola de las prioridades en la negociación. Un ejemplo, la Unión Europea, a través de los Economic Partenership Agrements (EPAs), quiere fijar las normas del comercio internacional de los países africanos con la Unión Europea para las próximas décadas, las negociaciones las están llevando a cabo con países con importantes problemas democráticos. Según el Democracy Index de la revista The Economist, en el año 2008, de los 44 países africanos analizados, uno de ellos era considerado como una democracia plena, Mauricio, mientras que Sudáfrica estaba en el límite, 15 se consideraban como estados híbridos y 22 como estados con regímenes autoritarios y/o estados fallidos. Nada de lo anterior impide a la Unión Europea presionar a los países para que hipotequen su futuro durante décadas de manera inmediata y en total desconexión sobre la legitimidad de los firmantes y las derivaciones para sus sociedades.
• Capacidad para regular e implementar las políticas públicas. Es decir, una administración que funcione bien, con capacidad para establecer normativas en todas las zonas del país y capacidad para cumplirlas. No es difícil pensar en numerosos países donde esta condición no se cumple, en particular la parte de implementación de las políticas. Pese a ello, las únicas medidas con las que se apoya a los países para mejorar la capacidad legislativa y de implementación son ayudas para la buena gobernanza, pero en ningún caso se establece el conseguir los objetivos de buena gobernanza como pre-condición para la entrada en vigor de los acuerdos comerciales firmados, aspecto éste que sería lógico si verdaderamente se priorizara el desarrollo frente a la internacionalización per se.
• Capacidad para recaudar por otras vías que no sean aranceles y capacidad para redistribuir. No es casualidad que en muchos países sean los aranceles uno de los sistemas principales de financiación estatal, son simples de recaudar y en muchas ocasiones se pagan en monedas fuertes. El proceso de transformación a un sistema de recaudación basado en impuestos directos (sobre el margen de beneficio empresarial de las empresas locales) e indirectos (sobre el consumo, por ejemplo) es extraordinariamente complejo y tiene impactos redistributivos muy importantes. Las incipientes clases medias, los pequeños empresarios y el conjunto de ciudadanos, deben pagar por unos servicios (educación, sanidad, infraestructuras) que en muchas ocasiones no existen o son de calidad paupérrima. No hace falta ser un visionario para comprender que estos procesos requieren un ritmo paulatino y muy adaptado a la capacidad de la sociedad en la que se lleva a cabo para no acabar generando importantísimos conflictos sociales y/o la imimposibilidad práctica del cambio de política fiscal y la consecuente reducción de los ingresos de la administración pública. Sin embargo, la Unión Europea, en las negociaciones de los EPAs, mantiene una posición muy inflexible en los plazos y condiciones de liberalización. Durante años ha presionado a los países del ACP para que acepten una liberalización mínima del 80% en un plazo de 15 años, una imposición que ha encontrado la oposición de muchos países africanos que han mostrado su desacuerdo ya que no existe ninguna barrera técnica para mantener inamovibles estos aspectos, se trata meramente de una imposición.
• El no uso de otros mecanismos que falsean la competencia. Si se eliminan los aranceles y otros sistemas de limitación a la entrada de productos del ámbito internacional, pero al tiempo uno de los dos partners mantiene un sistema de fuertes subvenciones a la producción, lo único que se consigue es una inundación de productos en el país con menos recursos para subvencionar a su industria o servicios. Es exactamente lo que pasa entre la Unión Europea y África, la apertura del mercado entre ambos actores no conlleva un libre-comercio, sino un comercio desigual pues no se han retirado previamente todo tipo de ayudas a las empresas europeas.
• Los marcos normativos comerciales internacionales van antecedidos de regulaciones ambientales y laborales internacionales de obligado cumplimiento. Si se anteponen los acuerdos comerciales a los otros tipos de acuerdos se produce la situación ideal para que se genere una situación de injusticia ambiental o social en la que los países con menos recursos acaben acumulando las industrias o negocios con mayores impactos indeseados, pues la lógica del mercado desplaza a las actividades más contaminantes y/o problemáticas desde el punto de vista social a las zonas con mayores externalidades, es decir costes menores. Detrás de la ecuación a más comercio internacional, más crecimiento y por tanto más bienestar encontramos, entre otros, al Consejo Europeo y a la Comisión Europea. Esta última tiene el mandato del Consejo para llevar a cabo las negociaciones y así lo está haciendo dese el año 2001. Aparte de la Comisión Europea, hay cuatro órganos más implicados en las negociaciones: Comité 133, Grupo Regional ACP (África, Caribe, Pacífico), Comité de Comercio Internacional (INTA) y Asamblea Parlamentaria Conjunta de la Unión Europea y de los países ACP. La función y la importancia relativa de los mismos varía según sea la fase de negociación y aprobación de los acuerdos. El Gobierno español tiene presencia en todos ellos [1].
Muchos de los acuerdos comerciales ya aprobados deben ser ratificados en los parlamentos de los países implicados. Aquí, conociendo qué actores españoles forman parte de todo este proceso, tenemos una nueva oportunidad, seguramente una de las últimas, para seguir tratando de impedir que estos acuerdos sigan avanzando.

*Gemma Tarafa es miembro del Observatori del Deute en la Globalització (ODG) y Miquel Ortega es miembro del Observatori del Deute en la Globalització (ODG) y Ent, medio ambiente y gestión. Este artículo ha sido publicado en el nº 43 de la edición impresa de Pueblos, julio de 2010, Especial Multinacionales.
[1] Intereses económicos españoles en las negociaciones comerciales Europa-África. La pesca en Senegal como ejemplo. SETEM, 2001.